La Costa Vicentina


Costa Vicentina

La franja litoral entre Odeceixe y Burgau denominada Costa Vicentina es un Algarve diferente, en el que la naturaleza, que permanece intacta, tiene un carácter fuerte y salvaje, que se traduce en paisajes de una imponencia deslumbrante.

Esta zona forma parte del parque natural que comienza más al norte en el sudoeste alentejano y que constituye la mayor extensión protegida de costa portuguesa. Las playas se suceden, ya sean extensos arenales interminables o más pequeños enmarcados por grandiosos acantilados de esquisto y piedra caliza. El mar, agitado, produce una sinfonía natural, que sirve de banda sonora para este paseo a la orilla del mar.

Salimos de Odeceixe, el punto más al norte, una playa que se extiende hacia los dos lados de un río y que, por tanto, ofrece la opción de baños marinos o fluviales. Por aquí encontramos arenales poco frecuentados, algunos casi desiertos con accesos poco conocidos como la playa de Adegas, reservada a la práctica del naturismo. Vale dos Homens, Carriagem, Amoreira y Monte Clérigo son otras playas que hay que descubrir entre acantilados cubiertos de vegetación, que, en cada esquina, nos ofrecen fabulosos panoramas de esta escarpada costa.

Erguido en el siglo X, el castillo de Aljezur, el último conquistado a los moros, nos brinda otra vista sobre el caserío blanco, los campos y, a lo lejos, la sierra de Monchique. Aquí es famoso el boniato, que destaca en la gastronomía regional, aunque el primer puesto esté reservado a mariscos (percebes, lapas y mejillones) y al fresquísimo pescado capturado con caña: los sargos, las doradas y las lubinas resultan deliciosos cocinados a la parrilla, simplemente con un poco de sal.

Siguiendo hacia el sur, el paisaje está marcado por Pedra da Agulha, un imponente farallón que se eleva en el medio del mar. Las playas de Arrifana, Vale Figueiras y Bordeira disfrutan de unas buenas condiciones para la práctica del surf y del bodyboard. Pero la preferida de los surfistas es la playa de Amado, escenario de diversas pruebas de competiciones nacionales e internacionales, y que también cuenta con varias escuelas de estas modalidades.

Por todas partes, campos de flores de vivos colores rodean pequeñas carreteras que nos llevan a tranquilas playas. Como las de Barriga, Cordoama y Castelejo, cuyos arenales se unen durante la marea baja, formando una larga extensión de arena dorada que contrasta con las grandes rocas de esquisto negro que las delimitan. Los más atentos tendrán su recompensa, ya que a estas playas acude a veces una colonia de nutrias que utiliza el medio marino para buscar alimento, algo poco habitual en la naturaleza.

Más hacia el interior se encuentra Vila do Bispo, con su iglesia parroquial cubierta de azulejos hasta el techo. Una carretera nos lleva al cabo de San Vicente y al promontorio de Sagres, el extremo sudoeste de continente europeo que parece avanzar sobre el océano y que en la Edad Media se consideraba el “fin de mundo”. Las fabulosas vistas sobre el inmenso mar nos maravillarán. Pero este también es el lugar adecuado para conocer más sobre la historia de la epopeya marítima de los portugueses que comenzó justo en Sagres, conociendo su fortaleza, la capilla y la rosa de los vientos, con 43 metros de diámetro. En el cabo, destaca el faro que, con un alcance de 95 km, es uno de los más potentes de Europa y que sucedió a una luminaria que en el siglo XVI mantenían encendida toda la noche los frailes capuchos.

Esta zona también resulta excelente para la observación de aves, especialmente en octubre, cuando aquí acuden especies llegadas del norte en busca de lugares más cálidos, momento en el cual se celebra el festival de observación de aves. Pero en otras épocas del año también podemos avistar otras aves como la garza blanca, el águila perdicera y el águila pescadora, especie en peligro de extinción y que tiene aquí uno de sus últimos refugios. Todas ellas desaparecerán al vuelo si notan nuestra presencia, por lo cual resulta imprescindible guardar silencio y caminar por los senderos.

En el litoral orientado al sur, nos esperan más playas con excelentes condiciones para la práctica de los deportes náuticos. Además del surf y del windsurf, toda esta zona compuesta por las playas de Beliche, Tonel, Mareta, Martinhal, Ingrina y Zavial resulta ideal para bucear y explorar grutas sumergidas y aberturas rocosas llenas de vida marina. En Salema y también en Burgau, ya en los límites del parque natural, encontramos otras playas pintorescas en las que la arraigada tradición pesquera todavía se encuentra bien presente. Este paseo llega a su fin por una de las zonas más bellas y mejor conservadas del litoral europeo, en la cual nos sentimos parte de la naturaleza.

 

 

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